Antecedentes de la práctica bautismal en el cristianismo primitivo

 


Introducción: 

Aunque el bautismo es una práctica muy conocida en Occidente y está muy ligado al cristianismo, sus antecedentes van más allá del siglo I. Es un rito que hizo parte de varias culturas en Oriente, usualmente asociado a la pureza ritual. 


Al comprender los antecedentes del bautismo y su orientación cristiana, los estudiantes bíblicos ven la fuerza radical de esta propuesta, y las diferencias sustanciales tanto en la forma en que el bautismo fue administrado por los cristianos, así como en su significado. 


El bautismo

En nuestra cultura occidental, no es necesario ser un experto en teología para tener una idea de lo que es el bautismo. Es común encontrar personas que participaron del rito católico en su niñez o que han visto la representación ya sea del bautismo por inmersión o aspersión en películas, programas de televisión, o incluso han asistido personalmente a una de estas ceremonias, que es ampliamente practicada por todas las denominaciones cristianas en el mundo entero. Lo que pocos conocen es que el bautismo es una práctica milenaria muy popular en los cultos mediterráneos. El uso ritual del agua se asocia con la limpieza, como se entiende desde su raíz etimológica.   

Etimología de la palabra 

El significado de la palabra bautismo, del griego βάπτω (báptō), es “sumergir”, “zambullir” en un medio blando, usualmente un líquido. De este sentido básico proviene un uso que enfatiza el resultado: “mojar”. El bautismo no era asociado únicamente a personas sino también a objetos con el propósito de ser limpiados, de ahí la idea de la purificación ritual del bautismo. En su uso doméstico, el bautismo era practicado cuando la persona buscaba sumergir un recipiente en un líquido para sacarlo lleno. También es conocido un significado secundario de esta palabra el cual es “teñir” (inicialmente porque era el resultado de sumergir), pero con el tiempo prácticamente suplantó al significado primario (Ferguson, 2009, p.76). 

La práctica del bautismo en el mundo antiguo

Como afirma Hartman (1997), el cristianismo primitivo no era una isla solitaria en el mar de las religiones de la antigüedad. Era una característica común de varias religiones incluir ritos en los que se rociaba agua sobre algo o alguien, o se lavaba o sumergía algo o alguien.

En las culturas antiguas adscritas a esta práctica, el bautismo representa la identificación de una persona con un mensaje o grupo, funcionando como un acto de lavamiento y purificación ritual, incorporación y compromiso.

Ferguson (2009) sostiene que las purificaciones con agua anteceden al cristianismo y estaban profundamente arraigadas en las culturas del Mediterráneo antiguo. En Egipto, los lavamientos ya eran parte de la vida ritual, y tanto en Grecia como en Roma los templos se levantaban con fuentes y pozos destinados a la limpieza ceremonial de sacerdotes y fieles. Estos ritos se expandieron a contextos de sanidad (Asclepio), oráculos (como Delfos), y a las religiones de misterio y la magia, donde la inmersión y la aspersión tenían un papel clave.

Es así como estas prácticas rituales presentes en otras culturas fueron adoptadas por el judaísmo, si bien, como veremos, algunos académicos cuestionan la fecha en la cual esto comenzó a suceder. Lo cierto es que, para los días del Nuevo Testamento, era una práctica muy generalizada en otras culturas y religiones, que probablemente no le era desconocida a judíos como Juan el Bautista y sus contemporáneos. Así que cuando Juan habla de bautismo (cf. Mc 1:4) está hablando de una práctica conocida en sus días. Mucho más probable es que la acción estuviera influenciada por los lavamientos rituales judíos, mediados y transformados por Juan el Bautista, según Ferguson (2009, p. 68).

El bautismo de Prosélitos

Los judíos recibían prosélitos (Personas no judías) en sus comunidades previo al cumplimiento de tres requisitos: circuncisión, bautismo (llamado tebilah) y un sacrificio. Cumplido esto, eran recibidos plenamente en la comunidad de los judíos.  

Sobre la fecha en la cual comenzaron a ejercer la práctica bautismal para con los gentiles no existe una datación exacta. Como anota Vos (2018) Desde comienzos del siglo XVIII, ha surgido la opinión entre los eruditos de que tiene un origen mucho más reciente que el bautismo cristiano, y que probablemente sea tan sólo una imitación del mismo. En la actualidad, la opinión está dividida. Lightfoot, Danz, Bengel, Delitzsch, Edersheim y Schürer sostienen que este bautismo es muy antiguo y que ya existía en tiempos de Cristo. Según Meyer y otros, el uso solamente apareció más tarde, en todo caso después de la destrucción del templo de Jerusalén.


Sea cual fuere el caso, el hecho es que para los judíos la inmersión representaba un cambio en la condición ritual de la persona y está relacionada con el mandamiento levítico (cf. Lev. 11-15 Núm 19). Vos también anota que la esencia de este bautismo de prosélitos no es otra que la limpieza levítica habitual que se exige en este caso particular. Y como tal, el bautismo habrá existido entre los judíos para la época de Juan el Bautista.

El bautismo Cristiano

Sostenido esto, concluimos que el antecedente más inmediato del bautismo cristiano no se encuentra en los rituales de baño paganos ni en los cultos de Misterio, sino en las prácticas judías de lavamiento y en el bautismo de prosélitos (Ferguson, 2009). Pero más que ser una imitación de tales prácticas, halla su identidad en la resignificación que los protagonistas bíblicos le dieron: Mientras que los cultos paganos usaban el agua como preparación externa, en el cristianismo es un acto decisivo de incorporación a Cristo, participando en su muerte y resurrección. (Ibíd., pp.56-65). 

En el judaísmo, estos lavamientos eran por auto-inmersión: la persona descendía al agua y, de pie o agachada, se sumergía por sí misma. El énfasis recaía en la acción personal de purificación.

El cristianismo, sin embargo, introduce una novedad radical: el bautismo pasa a ser administrado por otro, lo que encuentra su antecedente en el ministerio de Juan el Bautista, quien no solo predicaba la conversión sino que bautizaba activamente a las multitudes. Así, el bautismo deja de ser un simple rito de auto-purificación y se convierte en un acto comunitario y de incorporación a Cristo y a la Iglesia.

El caso de Pablo ilustra bien esta transición. En Hechos 22:16 se le ordena: “Levántate y bautízate y lava tus pecados”, expresión que podría sugerir una acción personal, semejante a los lavamientos judíos. Sin embargo, en Hechos 9:18 el relato aclara que fue bautizado, probablemente por Ananías, lo que confirma el carácter administrado del bautismo cristiano.

Aquellos que han trazado paralelos entre el uso del agua en los Misterios y el bautismo cristiano o bien han mezclado los baños preliminares con los efectos de la iniciación misma, o han malinterpretado los textos, o han dependido de escritores cristianos tardíos que cristianizaron el significado de las ceremonias. 

Hubo una diferencia significativa en el uso del agua para la purificación en los Misterios y su uso en el cristianismo. El lavamiento en los Misterios era una preparación preliminar para la iniciación, purificación ritual e identificación con un grupo determinado; en el cristianismo, era el centro de la iniciación en la iglesia, es practicado una sola vez en toda la vida del individuo, es administrado por otro, viene a representar ser sepultado y resucitado con Cristo (cf. Rom 6:4). En Hechos, es una práctica normalizada y generalizada, presente al momento de la conversión y que no distingue entre judíos y gentiles. 

Conclusión:

El bautismo no fue una práctica inventada por la iglesia primitiva, sino un rito conocido en el mundo antiguo y ampliamente desarrollado en el judaísmo del Segundo Templo. Sin embargo, el cristianismo no se limitó a reproducir estos antecedentes, sino que los asumió críticamente y los transformó de manera profunda.

A diferencia de los lavamientos rituales paganos y judíos, orientados principalmente a la purificación externa y a la restauración de una condición ritual, el bautismo cristiano fue resignificado como el acto decisivo de incorporación a Cristo. En él, el creyente participa simbólicamente en la muerte y resurrección de Jesús, y es integrado a una nueva comunidad que trasciende las distinciones étnicas y religiosas.

Esta resignificación explica tanto la centralidad del bautismo en la práctica cristiana primitiva como su carácter único, administrado una sola vez y vinculado inseparablemente a la conversión y a la fe. Así, aunque el cristianismo se inserta en una tradición ritual previa, el bautismo emerge como una práctica teológicamente nueva, definida no por la purificación levítica ni por la preparación iniciática, sino por la unión con Cristo.

Bibliografía 

Ferguson, E. (2009). Baptism in the early church: History, theology, and liturgy in the first five centuries. Wm. B. Eerdmans Publishing Co.

Hartman, L. (1997). Into the name of the Lord Jesus: Baptism in the early church. T&T Clark.


Vos, G. (2018). Eclesiología, Medios de Gracia y Escatología (R. Gómez, Trad.; Vol. 5). Editorial Tesoro Bíblico; Lexham Press.


Anthony Meyer, «Juan el Bautista», en Diccionario Bíblico Lexham, ed. John D. Barry y Lazarus Wentz (Bellingham, WA: Lexham Press, 2014).


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